domingo, 17 de abril de 2016

Mis ríos...y el sueño del mar

                                      ©Carri Angel photography

Mi vida ha transcurrido siempre cerca de los ríos, y en una época luminosa, hace ya muchos años, en el mar.
El río primero, el de mi niñez y más tarde el de mis años adolescentes, fue un río oculto. Un río callado cuyo cauce quedaba tapado por una masa de hormigón que hacía las veces de paseo, con un arriate de tierra, a veces con hierba y flores, y donde transcurrieron mis juegos de niña, surgieron las amistades del alma, y nacieron el amor y los sueños. Tiempo después, también fue el río de la tristeza, el miedo y la muerte.
Era éste un río en el que no podías ahogarte porque siempre se caminaba sobre tierra firme. Y a los ríos hay que mirarles el fondo y meterte en ellos, sentir el limo gelatinoso, resbalarte con las piedras y nadar junto a los insectos que lo habitan. Pero éste era un río sin corriente, sin posibilidad de renovación; todo lo que sucedía en él y sus inmediaciones se quedaba allí para siempre sin que lo pudiera arrastrar el agua llevándoselo lejos, limpiándolo en su viaje hacia el mar. Por las noches, cuando todos dormían y las calles quedaban en completo silencio, yo era capaz de escuchar su murmullo. Era el lamento triste de un ser aprisionado, que ya ni siquiera sabía gritar, añorando horizontes abiertos y aire limpio. Por aquel entonces yo era como ese río. Un lugar callado en la superficie, pero bullendo en lo más profundo. Lo último que quería era quedarme allí, entre el hormigón y los pasos de las personas y las historias que vendrían después, sin poder olvidar y sin que pudieran olvidarme.

Así, en los años de mi juventud me fui de aquel lugar y encaminé mis pasos hasta otro río en el que todavía me encuentro. Esta vez un río lleno de vida y bosque, donde se escucha croar a las ranas en verano y las libélulas anuncian la lluvia con su vuelo, donde se vive el paso de las estaciones y el júbilo de las personas y los pájaros. El río del que brota la vida, que se desborda en primavera y en invierno se entrega en hilillos helados, pero tenaces. El río donde empezó un camino nuevo y al que siguieron abriéndose muchos más.

También hubo una vez un río entre las montañas, de aguas gélidas y bosque frondoso, en el que me bañé desnuda y donde hice el amor sobre la tierra blanda, un día en que la primavera estallaba.
Y otro que atravesaba una cueva, y donde descubrí asustada que había sido otra antes de ser yo... aunque eso, eso es otra historia...

Y en medio de los dos ríos, en un tiempo distinto a cualquier otro, confuso y alegre y añorado, la vida en el mar. La luz intermitente del faro asomando por las rendijas de las persianas, el aire impregnándolo todo de humedad salada, la libertad... y los libros, muchos libros, siempre los libros en todas partes; en el río callado, en el torrente impetuoso, en el mar liberador... los libros como el ancla del corazón y la mente.

Ahora que el cambio se acerca de nuevo y se remueven las aguas de este río del que ya me estoy despidiendo, imagino cuál será el que me acompañe en los años venideros. Sueño en un río que se expande, sueño con la inmensidad azul, ¿quizá alguna vez y para siempre, el mar?


Texto: Zoraida A.M

3 comentarios:

  1. El fluir de una maravillosa escritura nacida del corazón y expandida en el delta de tu alma mostrada letra a letra.
    Que decir que no sepas ya.... SUBLIME

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    1. Infinitas gracias por el hermoso regalo de tus palabras. Ya sabes cuánto me alegra que dejes tu estela por este universo. ¡¡Abrazos celestes!! :))

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    2. Nada que agradecer, simplemente fué un latido de mi alma....
      Abrazos universales :)

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